EN INVIERNO
Cerró la puerta de la habitación. Sintió gritos en la calle. Una pesada membrana de sueño lo separaba de la noche. El reloj parecía haberse detenido. Su cuerpo frente al mar, sublime, cantando: recordó los años pasados en su ausencia, en montañas silenciosas y desiertos. Bajó las escaleras. La mujer atravesó la plaza vacía en la noche. El pueblo era surcado por un viento cargando sonidos y perfumes arrastrados a su paso por los jardines y las estaciones.-Una mujer rodeada de las calles de los nombres del adiós. Bajo un paredón, vió luces, celebraciones. Alguien propone un brindis: ansias perdidas.
Se vio morir, el cuerpo cayendo al camino de tierra. Los árboles lo acompañaron gritando su tiempo inerte sobre sus hombros.
Cargó el cuerpo hacia su casa de piedras.
Arrastró su cadáver hacia el centro de la habitación, hasta la escalera descendía hacia la fosa. Empujó el cuerpo que se resistía a hundirse, y luego arrastró el escritorio de metal al encima. Quedaba oculto bajo sus pies, bajo el escritorio, y ese parecía un lugar perfecto para escuchar las noticias sobre su muerte.
Había vuelto el invierno. El viento de oscuridad acariciaba las calles rectas y desiertas.
Golpearon a la puerta.
Supo que no debía abrir, pero recordó que no trancaba ls puertas.
Tras un silencio M. entró con su andar pesado y sentencioso.
Observó la mano de su cadáver que sobresalía tras sus zapatos.
M. lo observó con recelo.
-Creí que habías muerto.
Cerró la puerta de la habitación. Sintió gritos en la calle. Una pesada membrana de sueño lo separaba de la noche. El reloj parecía haberse detenido. Su cuerpo frente al mar, sublime, cantando: recordó los años pasados en su ausencia, en montañas silenciosas y desiertos. Bajó las escaleras. La mujer atravesó la plaza vacía en la noche. El pueblo era surcado por un viento cargando sonidos y perfumes arrastrados a su paso por los jardines y las estaciones.-Una mujer rodeada de las calles de los nombres del adiós. Bajo un paredón, vió luces, celebraciones. Alguien propone un brindis: ansias perdidas.
Se vio morir, el cuerpo cayendo al camino de tierra. Los árboles lo acompañaron gritando su tiempo inerte sobre sus hombros.
Cargó el cuerpo hacia su casa de piedras.
Arrastró su cadáver hacia el centro de la habitación, hasta la escalera descendía hacia la fosa. Empujó el cuerpo que se resistía a hundirse, y luego arrastró el escritorio de metal al encima. Quedaba oculto bajo sus pies, bajo el escritorio, y ese parecía un lugar perfecto para escuchar las noticias sobre su muerte.
Había vuelto el invierno. El viento de oscuridad acariciaba las calles rectas y desiertas.
Golpearon a la puerta.
Supo que no debía abrir, pero recordó que no trancaba ls puertas.
Tras un silencio M. entró con su andar pesado y sentencioso.
Observó la mano de su cadáver que sobresalía tras sus zapatos.
M. lo observó con recelo.
-Creí que habías muerto.
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